En memoria de Josep Maria Gasch Riudor

29 de Octubre de 2020

El pasado 28 de octubre nos dejó a la edad de 80 años José María Gasch Riudor, abogado y socio fundador de Colectivo Ronda. En homenaje a quien ha sido nuestro amigo, compañero y ejemplo de dedicación profesional, queremos compartir con vosotros estas palabras de nuestro compañero Txé Gasch, hijo de José María y de Angelina Hurios Calcerrada, también fundadora de nuestra cooperativa. Os queremos a los tres.

...............................................................

Hoy 28 de octubre ha muerto mi padre, con 80 años. Ha tenido una vida creo que llena de la felicidad que da vivir de acuerdo con tus ideales, tus principios, e incluso, probando lo que te hace disfrutar sin prácticamente esfuerzo.

Sí, mi padre es una persona con suerte. Nació en el año 1940, cuando ya había terminado la guerra, y no le faltó nunca un plato en la mesa. De hecho, nació un 23 de febrero de un año de estos que de pequeños llamábamos bisiesto y ahora llamamos de traspaso; vaya, lo que era también un año olímpico hasta que ha llegado la Covid-19. Así pues, sólo nacer ya se encontró con un día extra.

No puedo escribir sobre una parte de su vida que quizá ahora descubriremos, porque estaba escribiendo una especie de diario, pero mi padre tuvo suerte también cuando encontró mi madre, una mujer también extraordinaria con quien, como sabéis, compartía convicciones y los proyectos más importantes de sus vidas: Colectivo Ronda y los hijos y la familia que ha ido llegando.

También tuvo suerte en encontrar los compañeros con los que fundó Colectivo Ronda, personas con las que tan y tan bien se complementó.

Disfrutó inmensamente de la vida y, con toda seguridad, de la comida y de las montañas. Mi padre fue el iniciador de prácticamente todos mis primos de su parte y los tres hijos en la ascensión de 3.000s. Él era inmune al frío, y cuando nos congelábamos, se detenía y nos calentaba los pies. Entonces había mucha más nieve permanente en las montañas y las botas que llevábamos, a veces chirucas, eran deplorables.

No hace muchos años, creo que fue el año 2006, subimos los últimos 3.000s, el Vallhibierna y el Culebras. Antes coincidí con él en muchas otras montañas, la primera de más de 3.000 metros el mismo Culebras, cuando yo tenía 10 años, para subir también, a continuación y desde el mismo lugar donde estábamos acampados, como hacíamos cada verano unos días, el Aneto, una excursión que también hizo mi madre y que resulta un recuerdo mítico para ella.

Pero no sólo tuvo suerte mi padre, seguramente tuvo una educación ejemplar, un ejemplo constante de dedicación al trabajo y muchas otras cosas.

Porque mi padre era un hombre con una ética del trabajo insuperable. De pequeños, nunca nos habíamos levantado antes que él; cuando despertabas ya estaba leyendo sentencias, bien, resúmenes, que entonces venían en unas fichas de menos de un cuarto de folio. Después nos llevaba a la escuela, junto con otra familia que eran 6, así que íbamos 10 al coche (porque somos 3 hermanos). Y encima muchas veces le pedíamos, al ver cómo iban a pie dos otros niños de la misma escuela, por encima plaza Lesseps, que los cogiera también. Él paraba, divertido y seguro, y los hacía subir al maletero. Y luego, en el trabajo, a hacer horas y horas para sacar el proyecto adelante, quejándose de las mil veces que todos los demás le interrumpían para preguntarle cosas, pero atendiendo siempre a todos.

Fue un hombre comprometido, luchador contra el franquismo, a pesar de su origen acomodado, que no dudó en ofrecer el coche y sus servicios como chófer para vaciar pisos que quizás habían sido descubiertos por la policía.

Y fue también, un hombre generoso, como lo fueron todos los fundadores de Colectivo Ronda, pero también, en su convicción cristiana y católica, un hombre estricto y austero hasta límites insospechados.

Y un sabio por sus compañeros y algunos de los que aprendieron la profesión con él.

Hace 11 años le detectaron un tumor en el esófago. Él decía que no tendría cáncer porque no se tragaba el humo. Quizá le faltó información. Durante años fue conocido por fumar en pipa y convertir su despacho en una especie de Londres brumoso. Aquel primer tumor fue bombardeado y destruido, pero, una vez tenía el alta definitiva, le volvió a crecer el mismo tumor, pero ahora sobre un esófago y unos tejidos ya bombardeados por la radioterapia.

De eso hace 4 años. Le operaron, fue mal, y a los 3 días estaba más muerto que vivo, pero consiguieron que viviera. Desde entonces hasta ahora han pasado cuatro años, cuatro años de otro hombre, sin poder nadar en el mar, moviéndose despacio, alimentándose, con algunas excepciones que lo llevaban directamente a la UCI una y otra vez, mediante una sonda en el intestino. Pero a pesar de todo ello, han sido cuatro años extras buenos, de cuidarlo, de ver cómo resistía, como podía llegar a moverse sin saturar oxígeno.

Finalmente, mi padre cogió el Covid, y el Covid que a mucha gente no le hace nada pero que es una enfermedad que se ceba, sobre todo, con los más débiles y que si entra en los pulmones es terrible, le afectó de lleno, y sus pulmones, tocados por operaciones durante las que le tuvieron que parar, afectados por infecciones de broncoaspirado, no lo han resistido, han dicho basta y han dejado de funcionar, dañados irremisiblemente.

Tengo la suerte de haber compartido la vida de mi padre, desde sus 27 años hasta que ha muerto, y seguir con los proyectos de su vida, Colectivo Ronda y la familia, y quizás, también, encontrar un orden más justo en todas las cosas.

Josep Maria (Txé) Gasch Hurios