8-M 2026. Alcemos la voz contra la ofensiva machista y fascista

Romper cualquier dominación y opresión, para vivir con justicia y libertad. Cada 8 de marzo queremos poner fin a todos los silencios y seguir siendo voz, para denunciar las constantes violencias y discriminaciones contra las mujeres y las identidades disidentes, por el mero hecho de serlo. Más que nunca, y en el contexto mundial de ofensiva de la extrema derecha y el fascismo, es necesario que el Día Internacional de las Mujeres sea una defensa enconada contra el odio y las políticas racistas y antifeminsitas.

Todas las voces apuntan este 8 de marzo al embate reaccionario a nivel global que atenta contra los derechos políticos, sociales, reproductivos y laborales de las mujeres, lesbianas, trans y disidentes sexuales y de género, perpetuando una violencia sistémica e institucional que viene de lejos. Este año, la crisis de reproducción de la vida (cuidados, vivienda y emergencia ecosocial) se ha puesto en el centro del debate para dar luz a estos tres ámbitos interconectados que conllevan una creciente feminización de la pobreza. Desde las luchas feministas se exige una vuelta a la sostenibilidad de la vida con unas políticas efectivas y valientes contra todas las violencias machistas.

Unas violencias que en el ámbito laboral no dejaremos de repetir para reivindicar que exigen otro camino. Una de ellas, la brecha salarial: una realidad evidente y desgarradora que a diario actúa en detrimento de las mujeres que desarrollan una actividad profesional. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario bruto medio anual de las mujeres se sitúa en torno a los 25.500 euros, mientras que el de los varones supera los 30.000 euros. En términos porcentuales, esto supone una diferencia de entre el 15% y el 20%, según el indicador utilizado. Un desequilibrio estructural y crónico que lesiona gravemente el derecho a la igualdad y que se explica por la segregación sectorial (las mujeres concentran mayoritariamente ámbitos tradicionalmente peor remunerados como los cuidados), la parcialidad (una de cada cinco mujeres trabaja a tiempo parcial, dado el peso que sigue recayendo respecto a las obligaciones domésticas, de criatura) de cristal que todavía cuesta romper.

Evidentemente, una brecha que suma en la feminización de la pobreza cuando estas diferencias se trasladan a las pensiones de jubilación, que en el caso de las mujeres son significativamente inferiores a las de los hombres. Y es que la precarización laboral es evidente en todas partes. Las estadísticas lo dicen: un 70% de las personas más pobres del mundo son mujeres. Unas mujeres que también son las que en estos entornos sufren situaciones de acoso sexual: según las últimas cifras, entre un 25 y un 50% de las mujeres han sufrido este tipo de agresiones en ese entorno. Los planes de igualdad avanzan pero hay mucho, mucho trabajo por hacer. Y ésta depende de una mirada colectiva que sea sensible a la propia existencia y derecho a la vida de las mujeres, para poner fin a la expresión más cruenta de todas las violencias: los feminicidios que anualmente se cobran vidas inocentes en manos de parejas o exparejas.

Desde Colectivo Ronda, y como cooperativa comprometida en la defensa de los derechos de todas las personas, queremos seguir reivindicando el bienestar y el cuidado de todas las mujeres, la generación de entornos de trabajo libres de violencia, con condiciones dignas, promoviendo la conciliación, la equidad salarial y poniendo en valor las tareas reproductivas. Pero también exigimos recursos institucionales y leyes que regulen de forma efectiva la erradicación de todas las violencias machistas, en cualquier entorno de vida, en cualquier lugar del mundo.

Necesitamos alzar la voz, sí, pero también fomentar valores, miradas y educación que velen por el derecho a la vida (digna) de todas, más que nunca.

La ilustración que acompaña este año nuestro manifiesto es de Alina Ballester.

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